(Parte 1)

Cuando se te presentan problemas o una situación difícil, ¿cómo es tu actitud? ¿Sales corriendo o te plantas de frente para asumir las consecuencias?

Según cómo te sientas contigo misma en esa situación, así será la manera como vivirás el proceso y crearás el desenlace.

¿Manejas tus miedos o tus miedos te manejan a ti?

El miedo es una respuesta absolutamente lógica y natural del ser humano. Este siempre aparece cuando se nos presenta cualquier tipo de situación donde vemos que nuestra supervivencia es amenazada o nos hace sentir vulnerabilidad.

Los temores, también experimentados en angustia o ansiedad, siempre se asoman como un mecanismo de defensa cuando un desafío inesperado nos hace ver que hemos perdido el control. Ese susto que se siente cuando nos llega algo que nos saca de la zona de confort es de lo más  normal; pero la manera de enfocarlo, interpretarlo y asumirlo, nos da la señal de cuán conectados estamos con nuestro poder interior.

Frente al miedo por un desafío hay quienes reaccionan sin pensar; y muchos, al no saber regular sus nervios, se paralizan en el silencio mental y emocional, huyen y se esconden. Estos se bloquean de tal manera, que se anestesian emocional y creativamente y andan como si nada pasara. Otros guardan silencio y aparentan no reaccionar, pero permiten que el miedo invada sus mentes de tal manera que quedan atrapados en un diálogo interno tan negativo que no les permite pensar para resolver y, por eso, tampoco hacen nada.

Otros, por el contrario, se dejan atrapar por los nervios expresándolos en quejas, críticas y juicios, trayendo recuerdos del pasado para buscar culpables y no hacerse responsables de sí mismos sobre la situación que sucede en el presente. Sin darse cuenta, generan tanto caos que terminan maximizando el problema.

En cualquiera de estos tres casos, el miedo, que empieza siendo un mecanismo de defensa natural, se convierte en algo patológico, porque la persona termina dejándose manejar por este, cayendo en un profundo estado de evasión.

La peor consecuencia de la evasión es que esta convierte todo en una bomba de tiempo que agrava más el problema hasta que explota y les hace reaccionar. Es así cuando las personas que se dejan manejar por el miedo terminan viéndose obligados a actuar por la fuerza. Pero como no enfrentaron el problema a tiempo con sus cinco sentidos, entonces sus respuestas son más erráticas y sienten la carga de la situación más pesada y difícil. Con esta actitud, a la larga van creando patrones inconscientes de fracaso, carencia, insatisfacción e infelicidad que se convierte en un círculo vicioso.

Enfrentar es sentir el poder de la responsabilidad

Responsabilidad significa: Habilidad o capacidad para responder. Así de sencillo.

Pero la clave de una persona que sabe dar respuestas asertivas, funcionales y positivas frente a un desafío, está en: la consciencia.

La consciencia es la capacidad de observarlo todo tal como es y como ocurre en el presente, con aceptación.

Asumir una actitud consciente te enfoca y te centra en ti misma frente al problema y te ayuda a reconocer en qué punto del mismo te encuentras con tus debilidades y fortalezas. Cuando abordas un problema con consciencia te conectas de inmediato con la sensación de empoderamiento. El que puede ver un problema con objetividad, ya tiene la mitad del camino andado para sentir que puede resolver.

Por eso, la consciencia te permite identificar las emociones que sientes sin que tú te identifiques con ellas, porque esa identificación con el miedo, la ansiedad o la angustia, es lo que realmente te maneja a ti, minimizando tu enorme capacidad de ver las cosas como son y conectar con tu poder interno para enfrentar y resolver.

¿Cómo enfrentar un desafío?

¿De qué y de quién depende el desenlace de las historias difíciles que se presentan en tu vida?

No te pierdas el próximo artículo donde encontrarás las claves para aprender a desarrollar la actitud de una persona que sabe enfrentar sus desafíos y sale de ellos con éxito.

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