Para poder superar los desafíos hay que saber fluir con ellos.

Tienes dos opciones a elegir cuando a tus metas se le atraviesan piedras en el camino:

La primera opción es: Sentir el dolor del golpe, sumarle tantas “O” como quieras para estirarlo en Dolooooooooooooooor y estancarte en ese proceso.

La segunda opción es: Sentir el dolor y punto. Observarlo con aceptación y conciencia. Levantarte tomando cada piedra con el propósito de sumarla a las demás e ir construyendo un puente.

Ojo con la resistencia, porque puede convertirse en la piedra con la que tú misma te golpeas

Los más grandes obstáculos no son las piedras del camino. Esos factores externos son desafíos normales que forman parte del proceso, pero se convierten de verdad en mayores obstáculos según la perspectiva, la mentalidad y la actitud con que se afronten.

Resistirse es luchar en contra de algo que no se quiere terminar de aceptar.

Si bien hay eventos que nos producen disgusto cuando pasan, que es de lo más normal, todo se torna más difícil cuando caemos en la tentación de juzgarlo como malo.

Incluso cuando algo sea inaceptable porque es un evento grave, el no aceptar el suceso y luchar en contra de lo que se siente, es lo que más agrava el problema.

La reacción de pensar o evaluar negativamente algo, crea un apego al malestar y que impide saber aceptar las cosas tal y como son, y como vienen. Eso es lo que sobrecarga la experiencia del suceso con el peso emocional que nosotros mismos producimos.

Hay eventos que producen muchísimo dolor, rabia y frustración, y es lógico que para poder superarlos es necesario vivir ese proceso emocional. Pero luchar en contra de lo que pasa y lo que se siente para vencer ese dolor o malestar emocional no es lo más conveniente. Esa es la piedra con la que más te golpeas a ti misma.

Decidir entre luchar o aceptar es la clave para poder fluir hasta con los procesos más fuertes

Quizás no lo sabemos, pero la lucha o la resistencia son un mecanismo de respuesta que parten de un patrón de nuestro aprendizaje en el pasado.

Eso se soluciona mirando tu manera de reaccionar frente a los obstáculos que te causan dolor. Luego cuando detectas el patrón lo liberas haciéndote consciente de que puedes manejar tus percepciones del evento, para saber regular tus emociones y no quedarte enganchada.

Por eso aprender a desarrollar la aceptación es crucial para poder reponerte lo más pronto posible del malestar y, asimismo, saber sacar lo mejor de ti para reinventarte y crecer con la experiencia.

Quedarse pegada en solo ver el problema o la emoción es lo que más lo aumenta y lo hace persistente

¿Quieres que algo se agrande? Entonces ponle todo el foco de tu atención y no mires nada más. Aquello en lo que te enfocas se expande porque lo alimentas con tu mente puesta en ello.

La atención es lo que capta todo y lo recrea mucho más, porque toda tu percepción y tus pensamientos están en ello.

Si en vez de aceptar una situación difícil, te apegas a ella con las críticas, los juicios, las lamentaciones, te estarás metiendo a ti misma en un círculo vicioso muy dañino, que puede afectar seriamente tu energía mental y emocional porque toda tu energía vital está trabajando negativamente en eso.

Pasar más del tiempo del necesario en el apego a la negatividad y luchando por tratar de resolver algo sin aceptarlo primero, hace que el problema persista y se sienta más grande.

En el siguiente artículo aprende más sobre cómo aprender a vencer las resistencias para fluir.

 

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